Historia del embalaje

La historia del embalaje

Desde la prehistoria el hombre ha tenido la necesidad de utilizar materiales para preservar y proteger sus pertenencias.

El embalaje de productos, piezas o materias primas nos resulta indispensable hoy en día. Nuestra sociedad necesita transportar, almacenar y proteger ‘cosas’ y para ello utiliza el embalaje, que puede presentarse en distintas formas y materiales en función de las particularidades de lo que vaya a albergar.

Esta necesidad no es nueva de nuestro tiempo, desde antiguo el hombre ha requerido contar con una protección para sus pertenencias y esta ha ido evolucionando en paralelo a la aparición de tecnología y materiales y al contexto en el que debía protegerse un bien.

En la prehistoria, entre el año 10.000 y 8.000 a.C., el ser humano ya precisaba de recipientes o envolturas para guardar alimentos o bebidas. Éstos, además, debían conservar lo que almacenaban en su interior en las mejores condiciones e incluso, debía servir para transportar estos bienes cuando el hombre de la prehistoria salía a cazar. Estos primeros embalajes eran vasijas de arcilla y barro o cestos elaborados con fibras vegetales.

Fue en época griega y posteriormente con los romanos, cuando el embalaje evolucionó para adaptarse a las nuevas necesidades de la época. Griegos y romanos fueron pueblos viajeros y colonizadores, por lo que sus embalajes debían estar preparados para afrontar largas travesías. Pero, además, pronto se convirtieron en comerciantes, lo que incrementó el volumen de mercancías a transportar.

El ánfora fue el embalaje predilecto de estas culturas, ya que se adaptaba perfectamente al producto con el que más comerciaban: el vino. Posteriormente, en el siglo III de nuestra era comenzaron a utilizar el barril de madera.

Las cruzadas durante la Edad Media y la era de los Descubrimientos iniciada por Colón en el Edad Moderna, dio lugar a nuevos modos de embalaje. Estos debían soportar mercancías más pesadas y los golpes y embestidas de un viaje largo por alta mar, así como la rudeza y la falta de tecnología para su carga y descarga. Las cajas de madera cumplían a la perfección estas características y se acondicionaba su interior en función de los productos que iban a albergar: telas para evitar movimientos o serrín para proteger mercancías delicadas, por ejemplo.

Aunque se apunta que la primera caja de cartón se inventó en China en el siglo XVI, no fue hasta finales del siglo XIX cuando se popularizó su uso con la finalidad que hoy en día conocemos. La Revolución Industrial y la necesidad de embalar mercancía con materiales más económicos y ligeros de la madera consiguieron que el cartón ondulado fuese ganando terreno en el campo del embalaje.

En la actualidad, el cartón ondulado sigue siendo una solución ideal para confeccionar soluciones de embalaje, pero existen otros materiales igualmente idóneos. En DS Smith Tecnicarton ofrecemos soluciones multimaterial y a medida en función de las necesidades de nuestros clientes.